Querido Papá Noel

Hace muchos años que no te escribo. No creas que me he olvidado de ti, solo es que a sabiendas que no he sido el mejor niño de todos me ha parecido por mucho inútil escribirte si sé que no me traerás nada.Este año me he portado bien, y he decidido escribirte. Espero que no estés muy ocupado y que tengas a bien considerarme en tu lista para la próxima navidad.

Como a estas alturas no sé cómo va la producción de regalos en tu taller, y en el hipotético caso de que aún no hayas decidido qué regalarme, y si encima no supieras por dónde empezar, ahora te lo pondré muy fácil con una lista de cosas que, por su naturaleza, no te costarán ni un centavo, pero que en oposición podrían ser casi imposibles para un simple mortal, pero todos sabemos que tú no lo eres.

Pues bien; lo primero que quiero para navidad es un Presidente autónomo, que no se deje mangonear por una cúpula partidaria compuesta por entes oscuros y sombríos altamente cuestionables publica y privadamente.

Mi segundo obsequio sería que en las instituciones públicas no haya funcionarios con poder de decisión que se presten a la vieja jugarreta de asignar proyectos arbitrariamente a fin de obtener beneficios económicos que se van erogando de los pagos que se le hacen a las empresas h que terminan encareciendo las obras para poder cumplir con sus exigencias económicas.

En tercer lugar, quisiera que el Sistema de Salud Pública atienda como es debido a los pacientes, evitando en la medida de lo posible tiempos de espera de por lo menos cuatro horas para que un médico te vea dos minutos y te recete Acetaminofén.

En la misma línea de ideas, y si es posible solo considéralo una extensión del deseo anterior, ayuda a nivel personal a las enfermeras, médicos y demás personal hospitalario para que a la hora de trabajar y cumplir su función estén emocional y psicológicamente sanos, y no maltraten al paciente, no discriminen a la gente que busca alivio en el sistema de salud y termina recibiendo hasta insultos u ofensas. Hazles entender que sus sueldos que cómodamente reciben mes a mes vienen de la bolsa de ese paciente que se comió un churo (con IVA) y llegó con infección en el estomago.

Como cuarto regalo quisiera que le trajeras ideas a los encargados de la seguridad pública. Que entiendan que negociar con criminales no es una solución, y que por el contrario agudizan el cancer y profundizan el hoyo donde terminaremos todos enterrados.

De la misma forma, tráele ideas a la FGR. Que dejen de promover casos solo por tomar notoriedad, y que finalmente pierden por no haber fundamentado, con lo cual ya le han hecho gastar al Estado tiempo y dinero. Que entiendan de una vez por todas que la justicia no se imparte en las pasarelas de medios, sino en los tribunales, y que un juez no puede resolver en función de sus sentimientos, sino en base a las pruebas que ellos (la FGR) ha recabado, y que si no han tenido la capacidad de reunirlas lo mejor es que no presenten ningún caso.

Como quinto deseo me gustaría que le des una calibradita al cerebro de los jueces. Parece, últimamente, que sus desajustes económicos han provocado desajustes mentales que provocan finalmente que se mezclen en asuntos bastante turbios como la comercialización de la justicia.

Con la Asamblea Legislativa no deseo nada. No al menos en algo que tú puedas participar. No vaya a ser que por pedirte que te metas con esas fieras me dejes sin los regalos.

En caso que también para ti sea imposible cumplir mis deseos, de favor no me traigas nada. No vaya a ser que me termines trayendo un títere, y para Pinochos ya tenemos bastantes.

P.D.: En caso de negativa, remite esta carga al Dios más cercano, a ver si puede ayudar.

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Democracia para América Latina: como dar Perlas a los Cerdos

La democracia es el peor de todos los sistemas políticos, con excepción de todos los sistemas políticos restantes. – Winston Churchill

 Esta es seguramente una de las frases más famosas del Primer Ministro que dirigió el Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial. Fue un ferviente antinazi y un visceral anticomunista, cualidades que le otorgaron la admiración de todos los liberales y demócratas del mundo. 

Han pasado más de 70 años de que esas palabras fueron pronunciadas y quizás valdría la pena analizarlas a la luz de la modernidad quitándoles ese manto de santidad que se le confirió por más de medio siglo. 

Enfocamonos sobre América Latina. Han pasado casi tres décadas desde que los militares salieron de las casas presidenciales y de los ministerios y volvieron a los cuarteles. Los civiles, pero pocas veces civilizados, se apoderaron del mando del Estado por medio de elecciones. Entramos en la era de la democracia. Un hombre, un voto. Así, casi de la noche a la mañana pueblos enteros fueron a hacer lo que casi nunca le fue permitido: elegir a quien tenía que representarlos.

Los protagonistas de este épico cambio, pensadores, políticos, filósofos incomodaron a todos los mejores y más destacados teóricos de la democracia para festejar un porvenir de progreso y bienestar: Locke, Aristóteles, Abraham Lincoln, Tocqueville solo por nombrar algunos.  

Han pasado tres décadas, casi. En El Salvador, como en casi todo el continente, los partidos políticos han perfeccionado sus mecanismos de desarrollo democrático. Los votos se logran con cancioncitas pegajosas, promesas demenciales, bombardeo publicitarios, distorsionando el uso de los medios de comunicación. Y por si todo esto no es suficiente, se compran: dinero, promesas de un puesto seguro en la administración pública; a veces es suficiente un combo de hamburguesas, uno de Pollo Campero o un par de láminas para reforzar el techo. 

Los partidos que no tienen los recursos (económicos) para atraer el votante, juegan al rol de oposición esperando siempre que el ganador les ofrezca un huesito, un poco de sobra a cambio del apoyo para hacer pasar alguna ley-canallada. Estamos en democracia, la hora de compartir el pastel. Es la época de la tolerancia: antes unos pocos uniformados se robaban todo lo que le pasaba bajo la nariz mientras encarcelaban a los opositores. Hoy los que participan del saqueo público son un sinfín de funcionarios, pero muy altruistas: hay que dejar algo también a los demás organismos políticos. Saben que a la siguiente vuelta electoral podrían invertirse los papeles. Pero a la mesa hay que añadir más sillas. También al crimen organizado (Maras aquí, Paramilitares y Farc en Colombia, Zeta y Carteles en México, etc.) le toca su parte. Porque democracia es participación, pluralismo. 

Gran logro la democracia. A principio de 1700 la defendía a capa y espada uno de los más notables filósofos europeos, el suizo Jean Jaques Rousseau. Pero hablaba desde la Republica de Ginebra donde las personas votaban en la plaza principal levantando las manos. La mayoría de ellos eran personas instruidas, civilizadas, educadas, con un fuerte sentido de la comunidad, del respeto, de la cooperación y del bien común. ¿Hoy existe algún lugar de Latinoamérica donde los que van a emitir sufragio reúnen, por los menos, la mitad de estas cualidades?

Lo que está a la vista, de quienes quieren ver, es que democracia y sociedades latinoamericanas son mundos opuestos y no conciliables. Como agua y aceite. Miremos a El Salvador: la política nacional es una tarima donde un grupo de partidos escenifica un miserable circo de cotidiana inutilidad. Muchos pensadores/intelectuales indignados apuntan el dedo hacia los mismos partidos, responsables de tal desastre. Demasiado simple, demasiado fácil. Acá, como en cualquier lugar del mundo, los políticos y sus instituciones son el reflejo de la sociedad, una creación de ella, una deformación moral e intelectual que los ciudadanos mismos validan días tras día por medio de su conformismo, de su manera de ser desfachadamente indolentes y apáticos, de su voto. Porque un circo sin espectadores que aplaudan, vitorean, silban, se enojen o festejen no podría continuar. Cerraría.

“Pero las encuestas dicen que la mayoría de los ciudadanos no cree en los partidos políticos, no confía”, alguien podría afirmar. Es cierto, la gran parte de la población hasta critica el sistema… ¿Pero cómo? Con unas llamadas telefónicas a los programas televisivos o radiales, atiborrando las redes sociales con posts de dudosa coherencia y con una gramática de primer grado. Simplemente despotricando insultos o lloriqueando en los medios de comunicación, gloriosas columnas de nuestra fantasmal democracia. El malestar ciudadano contra el poder y la política llega hasta ahí. Un vacío palabrerío estéril, como el de los políticos adentro de los parlamentos. Castillos de discursos, de razonamientos (¿?), de pseudo ideas que al final logran parir la nada elevada al cubo. Un simple ejercicio de la lengua y de la mandíbula. 

No obstante, para muchos “iluminados” también todo esto es democracia. Quizás sea cierto, pero igualmente indiscutible es que soltar palabras en libertad no sirve para cambiar el rumbo desastroso de nuestros sistemas sociales y políticos. Peor, acaban consolidando y validando el poder que dicen despreciar pero al cual terminan siempre doblegándose. Ya no son ni ciudadanos, son simples súbditos de una tiranía incompetente e ineficaz. Son burros que patean furiosamente, pero sin golpear a nadie, y que al final agachan siempre la cabeza. No merecen ni el título de ciudadano, porque esta es una cualidad que es ganada. 

Para mientras los políticos viven despreocupados, se sienten tranquilos en sus edificios ministeriales, saben que si bien el pueblo parece alterado, o hasta enojado, es como perro que mucho ladra pero seguro no muerde. Le faltan dientes, y coraje. 

Luego llegará el día de las elecciones y los profesionales de la política se pondrán el traje bueno, los zapatos para el culto, sumirán la barriga, unos medio se estirarán la cara, sonreirán con ojos bondadosos y se alistarán a pararse sobre la tarima del circo. Distribuirán dulcesqñ, algún billete, estrecharán manos (las que consideran no demasiado sucias) y jurarán que lucharán para la democracia.

Esta promesa es la lápida que cubre toda esperanza de cambio. Pero hay algo en que la democracia es coherente y honesta: es el medio que demuestra que cada pueblo tiene el gobierno que se merece. Porque lo votó.

Pandilla, Marx y Libre Mercado

En estos tiempos de verborrea democrática donde reina soberano el politically correct, para abordar ciertos temas hay que cuidarse de no salirse del marco de la política y lo intelectualmente aceptado e/u aceptable. ¿Qué significa? Sencillo: hay que tratar determinados temas repitiendo siempre una o dos interpretaciones que todo mundo entiende/acepta/comparte.Veamos ahora de llamar las cosas por su nombre, sin anteojos ideológicos.

Las maras son más que un fenómeno social y un problema de seguridad pública. Las maras son un cáncer sociopolítico regado a lo largo y ancho de El Salvador y ha llegado a un avanzado estado de metástasis. Una situación tan grave y crítica que es muy difícil pensar poder curar el tumor con terapias que no sean invasivas.

Las pandillas no son sencillamente un aproximado de 200 mil miembros que actúan contra la ley; constituyen una sociedad dentro la sociedad, un poder que desafía la autoridad del Estado, grupos de personas que ha secuestrado a la mayoría de los salvadoreños su seguridad, su libertad y todos sus derechos de ciudadanos.

La mara es un microcosmo, no es una simple asociación de delincuentes. Cada pandillero es antes un hijo, un padre, un esposo, un novio, un tío, un cuñado, un sobrino, un nieto. Creer que su familia y allegados lo aíslen o lo rechacen por ser un criminal es un pía ilusión. Viven con él y quizás muchos hasta viven de él, de su “actividad”. Se preocupan porque los enemigos, la otra pandilla y la policía, no le hagan daño. Temen de gobiernos que puedan adoptar medidas duras contra él y sus camaradas. Viven preocupados no por la violencia que perpetra contra los demás sino por la podría padecer sobre sí mismo.

El marero no está solo: sus allegados y familiares, en el mejor de los casos, asisten juntos a iglesias, Ong’s, universidades nacionales y extranjeras más una infinita plétora de intelectuales de formación marxista, paramarxista o criptomarxista, la mejor defensa a la cual pueda abogar. La lectura que esparce la izquierda y que ha sembrado tan bien hasta en los más profundos pliegues de la sociedad es extremadamente sencilla. El conjunto económico donde vive el pandillero es el mercado capitalista, el dinero es el único fin al cual hay que aspirar, los ricos dominan así la sociedad que por ende aísla, margina, excluye a los pobres y a todos quienes no encajan en el modelo preestablecido. La pobreza por lo tanto crea al marero.

Ahí viene la palabra mágica, el deus ex machina, que explica todas las desgracias del mundo. Pobreza. Falta de recursos. No money. De tal manera todo delincuente antes de ser victimario es víctima, no es el problema es solo una consecuencia de ello. Por lo tanto el único culpable es el sistema, claramente capitalista. Hay que cambiar el sistema, así resolveremos la plaga de las pandillas. ¿Quién botará dicho sistema? A saber, pero para mientras sus creaturas están justificadas de antemano. 

Esta lógica perversa está a la raíz del pensamiento progresista, que nace en el marxismo y luego por trasmuto génesis anduvo generando partidos de izquierdas de todos matices, ambientalistas, defensores de los derechos de cualquier grupo considere que merece la atención de la política. Tras de ellos llega trotando la caballería de los pastores evangélicos, los sacerdotes católicos, profesores, investigadores y los intelectuales socialmente comprometidos. Todos repitiendo el mismo mantra vez tras vez: maldita pobreza, maldito sistema de mercado. 

Cada grupo propone su alternativa, desde trabajar para construir el reino de Dios sobre la tierra hasta la edificación de un comunismo corregido, distinto a lo que ya hubo y que no brilló por eficacia y resultados. Pero, más que propuestas se parecen a estériles ejercicios dialecticos de minorías que abogan por un cambio pero luego no logran llenar ni una sala de conferencias, imaginémonos una plaza. 

De su parte, el libre mercado y el capitalismo observan divertidos su mejor creación: la democracia, la libertad de soltar palabras a la derecha y a la izquierda sin que nada cambie pero dando la ilusión de que todo puede ser transformado.

Y Los pandilleros siguen tranquilos sus faenas consuetudinarias por el sagrado pan de cada día.

La guerra de los Premios Novel

Latinoamérica es el eje central del que trata este sitio web, pero no podemos analizar a Latinoamérica sin ver el entorno político, social y económico de su entorno. Esto trae como consecuencia, en este momento, que sea necesario ver la realidad que está viviendo en este momento Siria frente a Estados Unidos, y la problemática que esto implicaría ante la inminente intervención que se está gestando de ésta última, y la posible reacción de los pueblos de Oriente Medio.

Hace unos días el Presidente de Estados Unidos, Barak Obama, consiguió que fuera aprobada por el Senado de esa nación la “intervención” militar contra el régimen sirio, lo cual no solo implicaría un ataque al Estado, sino también al pueblo sirio, y como consecuencia ya se han manifestado algunas naciones alegando que es un “ataque al mundo islámico”, y han declarado su apoyo al país atacado. Sigue leyendo

Las comparaciones irresponsables de Gabriela Calderón

Pasando por el blog personal de Gabriela Calderón, editora de http://www.elcato.org, me he topado con un artículo llamado “Cuba y Venezuela no son democracias”, publicado el 12 de noviembre de 2007. En el desarrollo del mismo hace algunos copy/paste de la definición tradicional de democracia, que me están muy apegados al concepto mismo. Sin embargo, me parece penoso que haga una “comparación-incomparable” (válgase la redundancia) al tomar a Venezuela y hacer una forzada simbiosis con Cuba.

Cuba tiene sus propias características para tener un presidente por casi cincuenta años. De hecho, muchos analistas políticos, de derecha e izquierda, han llegado a la conclusión que Fidel Castro ha sido necesario para la isla. Claro está que desde este punto no se puede, en ningún momento, calificarla como una democracia. Definitivamente Cuba no ha sido tal, sino un régimen necesario. No es discutible.

El caso Venezolano es un asunto muy distinto. Si bien Hugo Chávez tiene rasgos psicológicos de megalomanía, esto no quiere decir que sea el Todopoderoso venezolano. Las características de la “revolución bolivariana”, ni ha sido revolución, ni ha llegado a gobernar una dictadura. Chávez no controla el sistema judicial, ni me parece que haga lo mismo con el electoral (muy comprobado en el último referendo, en el que no dejó el pueblo que se cambiara a la constitución socialista que pretendía el gobernante). Además, la popularidad de Frías, aunque ha disminuido considerablemente desde las elecciones pasadas, sigue teniendo la más amplia preferencia (que no el partido). Por otro lado, menciona que “controla las fuerzas armadas”. En todos los países los presidentes controlan la Fuerza Armada. Solo un ejemplo, constitucionalmente en El Salvador, el presidente es Comandante en Jefe de las F.A. En Estados Unidos, donde creo sea su paraíso terrenal, George Bush, con una buena carrera armamentista, controla el instituto castrense. Y así, en todos los países “democráticos” el gobernante manda el instituto armado.

En el punto de la “libertad de prensa”, me parece que está no muy bien informada, o simplemente no mira el cable. Globovisión es una, sino la más, de las televisoras grandes de Venezuela. Allí, creo, si no hubiera libre prensa esta sería la primera cadena que se hubiera cerrado, metido presos a sus presentadores y torturado a sus “analistas políticos”. Nunca había visto campañas de desprestigio contra un presidente, como las que hace este canal de señal abierta. ¿Que se “cerró” RCTV? Este tema está más desgastado y menos vigente que cualquiera. Más comprobado de las faltas de esta televisora, solo el hecho de que se les venció el plazo de la concesión de señal.

Teniendo, entonces, el debate honesto que pide la señorita Calderón, diremos que si nos ajustáramos a la definición dura de democracia, entonces ningún país lo sería. Solo unos ejemplos: El Salvador, mi país, tiene solo dos partidos políticos reales, los demás han sido resucitados por una truculenta “marufia” de nuestros gobernantes. Esto significaría que vivimos en democracia, pero el partido que ahora nos gobierna ha estado allí dese hace casi 20 años. ¿División de poderes? En nuestras democracias presidencialistas los gobernantes manipulan los demás órganos. El sistema judicial está corrompido por los partidos, tanto de izquierda como de derecha; la asamblea legislativa decide solo lo que el presidente dice, porque la mayoría de ella es de derecha, y esto solo por la compra de diputados. ¿Libertad de expresión, especialmente a través de la prensa libre? ¿Libre o liberal? Aquí los canales de T.V. son derechistas. Jamás investigan despilfarros del gobierno, ni dan noticia sobre problemas dentro del partido oficial, que los hay. Esto por las “mentas” de los funcionarios, y los empresarios (quienes son los dueños del partido oficialista). Además de que se ha impuesto una “ley antiterrorista” que penaliza con cárcel a las personas que participen o dirijan manifestaciones públicas, cuando en Venezuela se hacen protestas multitudinarias de estudiantes y sociedad civil en contra del presidente, y en los medios se mofan del mismo con programas que hacen burla directa con comedias “chaferas” del presidente. ¿Elecciones transparentes? Las pasadas elecciones han sido las menos transparentes de la historia. Tanto que han descartado un buen grupo de boletas electorales sin justificación alguna, de ciertos sectores que se sabia que eran mayormente izquierdistas; así como el pequeño margen por el que ganó el actual presidente.

Siendo así, El Salvador no es un país democrático. Tampoco Colombia, ni Italia, ni España, Francia o el mismo Estados Unidos. Significa que vivimos en un mundo de dictaduras plenas.

No es posible hacer este tipo de análisis irresponsables. Especialmente por alguien que es publicado en muchos o varios periódicos, y preside una pagina web de una importante institución. Y si se van a hacer, pienso, no hay que hacerlas con el hígado, o por simple ideología, sino con razón (que para esto hemos sido dotados con una masa grisácea llamada cerebro).

Centroamérica, el Banco de Sur y la Renuncia Salvadoreña

Autor: Marvin Ascencio


 

La política económica mundial se ha caracterizado por dividir a los países en dos grandes bloques: los países desarrollados y los países “en vías de desarrollo” (como comúnmente se les llama a los subdesarrollados para que suene menos ofensivo). Esta división también se hace al clasificar a los países desarrollados como Países del Norte, y los no desarrollados como Países del Sur, no solo en clara alusión a las desventajas económicas, sino también a que la mayoría de países en vías de desarrollo se encuentran cercanos o por debajo de la línea imaginaria conocida como ecuador. En América existe un fenómeno bastante marcado del asunto, y es que los Países del Norte son solamente dos: Canadá y Estados Unidos. De México hacia el sur todos son países en “vías de desarrollo”: la llamada Latinoamérica.

Latinoamérica está sufriendo cambios profundos. Actualmente las Izquierdas están recobrando el poder en muchos de los países, especialmente en Sudamérica, pero ya han llegado al centro con Nicaragua y Honduras, y están ganando cada vez más terreno. Un proyecto que las izquierdas sudamericanas han planeado y están ejecutando es el establecimiento de un Banco del Sur que, como diría Hugo Chávez, presidente de Venezuela, nació en los foros civiles y que se está desarrollando con la llegada de “los progresistas” al poder de “las naciones del sur”. El propósito, según los participantes, es conformar un banco que dé créditos a los países afiliados que lo necesiten con bajas tazas de interés y plazos más cómodos, para así ayudarse entre sí para desarrollar sus economías. La idea es “salir de la influencia del dólar, del Banco Mundial y del FMI”.

Nicaragua es parte del Banco del Sur, por lo tanto estaría llegando la influencia de éste a Centroamérica como una alternativa a los préstamos del BID y el FMI. He visto en un periódico que uno de los teóricos del neoliberalismo, quien fue mentor del ex–presidente Alfredo Cristiani, ha recomendado a El Salvador “ver con atención” el caso Nicaragüense a fin de que se imite. Además, por primera vez uno de estos teóricos ha dicho que en Latinoamérica conviene una economía “latinoamericana” no dependiente de Estados Unidos. Es de valorar esta afirmación, ya que los proyectos que impulsa Venezuela, tanto el ALBA, como el Banco del Sur, TeleSUR, MercoSUR, entre otras, son parte de un plan integracionista de los países latinoamericanos (en los que está incluido El Salvador), para formar un Bloque de los Países del Sur, liberación de la economía de estos países en base a cooperación entre si. Lo malo, por no decir lo nefasto, es que el gobierno salvadoreño o se hace el desentendido o se hace el ciego, que no digo que lo es porque bien se da cuenta. Viendo la oportunidad de cooperar entre las naciones latinoamericanas, sigue manteniendo su legendaria dependencia estadounidense, prestando al BID, FMI y BMI, adquiriendo cada vez más deuda externa, acumulando más riqueza en manos de los grandes empresarios y las transnacionales. Estas prácticas y otras son las que hacen que nuestro país no quiera (no nuestro país, sino nuestro actual gobierno) pertenecer a este bloque. Prefiere ser, como hasta ahora lo ha sido, una colonia norteamericana, tal como lo es Puerto Rico, o peor. Y esperando a salir del poder para largarse lo más rápido posible con las tajadas que ya se han robado, y con las que están preparando con los inconstitucionales fideicomisos. ¿A dónde vamos a ir a parar?