SAN BARACK, EL SANTO DE LAS BOMBAS

(El Ocaso de los dioses Parte II)

Continuaremos analizando aquello que decíamos de cómo los medios de comunicación global construyen la imagen de ciertos personajes con poder, y diciendo aquello que nadie dice de estos supuestos santos. Esta vez es el turno de Barack Obama.
Fue el primer presidente negro de EE.UU. Por lo tanto el premio Nobel de la Paz se le debía por el color de la piel, es decir por las reglas pegadizas del bon ton de la política-espectáculo internacional. De esto la prueba es que no se esperaron hechos concretos para otorgárselo.

Su doctrina, ensalzada por la izquierda internacionalista y humanitaria, debía hacer olvidar los estragos de George Bush y su gobierno de vaqueros petroleros ignorantes y racistas.

Prometió reconstruir la imagen de una América desintegrada por la arrogancia de un presidente guerrerista para sacarla definitivamente de la quiebra de los conflictos en Afganistán e Irak. Pero en cambio los ha mantenido en vida con ríos de dólares y hasta aumentó las crisis internacionales y frentes de guerra.

El gran engaño no fue sólo en política exterior. Según un sondeo Gallup (junio 2016), la presidencia de Obama ha empeorado la condición de los negros, la cuestión racial y la diferencia entre ricos y pobres, es decir los que eran puntos fuertes de su visión del mundo y de su propaganda. Pero estos últimos son problemas de los norteamericanos; que vean ellos como resolverlos. Para el mundo el nudo crucial es lo que hace el Pentágono y luego recae sobre las cabezas de quienes no tienen pasaporte estadounidense.

Entonces veamos un número: 26.172. Estas son las bombas que Barack Obama ha lanzado en el 2016 en siete países diferentes: Siria, Irak, Afganistán, Libia, Yemen, Somalia y Pakistán (según el análisis anual -2016- del Council on Foreign Relations).

De estas más del 90% (24.287) han sido lanzadas sobre Siria e Irak en el ámbito del Operation Inherent Resolve (OIR), contra el Estado Islámico. De mano norteamericana ha sido el 79% de los bombardeos totales que la coalición atlántica ha efectuado.

Con respecto al 2015, la América de Obama ha desenganchado alrededor de unas 3.000 bombas más y bombardeado un país, Libia, que no estuvo anteriormente entre los objetivos.

Obviamente en esta cuenta no son calculadas las operaciones ocultas que San Barack ha dispensado por el mundo; los centenares de “bombardeos dirigidos”, con drones también, en territorios no incluidos en las guerras oficiales, como en África. Sin mencionar los acuerdos autorizados por el Pentágono y a la CIA con contratistas y sociedades privadas para conducir actividad de guerra encubierta.

Bombas: cuando no las lanza, las vende

Del 2008 al 2015, en práctica durante sus dos mandatos, EE.UU. han cerrado acuerdos de venta de armamento por 200 mil millones de dólares, igual al 42% de la entera suma del tráfico de armas en estos países.

El dato resulta de un reciente estudio (2016) publicado por el Congressional Research Service, institución que pertenece al mismo Congreso americano. Según el reporte, los acuerdos de traslado de armas en los Países en vía de desarrollo, han representado más que el 80% de todo el mercado global de las armas. EE.UU ha sido líder absoluto con una cuota de ello que es más del doble de la antidemocrática y guerrerista Rusia de Putin.

La administración de Don Barack pasará a la historia como la que más armas ha vendido en el mundo y sobre todo a las cojas democracias de Asia y África. ¡Gran orgullo para un Presidente premio Nobel de la Paz e indiscutido mito de las ruidosas cuadrillas de tercermundistas y pacifistas!

Según la relación, la venta de armas responde a precisas necesidades de política exterior y tutela de los intereses nacionales de Washington. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la estrategia EE.UU. ha sido ayudar aliados y naciones amigas a afrontar las amenazas a la seguridad regional. Sin embargo, llama la atención el hecho que la mayor cantidad de venta de armas en Oriente Medio, 76 mil millones de dólares, haya sido autorizada por Obama en el bienio 2011-2012, aquel, para entendernos, que ha hecho surgir las famosas Primaveras árabes, la guerra en Libia y aquella civil en Siria. Y, qué casualidad, el mismo bienio ha permitido la ascensión del Isis y la formación del Califato. En otras palabras parece que Míster Obama en lugar de estabilizar la región, ha alimentado el desastre militar, económico y humanitario que hoy estamos viendo.

¿Y quién es el mejor cliente del supermercado de bombas de Obama? Nada menos que el principal financiador de la gran mayoría de los grupos terroristas islámicos regados a lo largo y ancho del mundo: Arabia Saudí. La monarquía petrolera ha emitido cheques por 72 mil millones de dólares. La India está en segundo lugar con 34 mil millones.

Finalmente otro “logro” de Barack fue disparar por las estrellas el nivel de tensión con Rusia hasta alcanzar un clima de Guerra Fría. Suya fue la gestión criminal que generó la trágica farsa de la revolución ucraniana y la consecuente guerra civil que puso en riesgo la estabilidad en la Europa oriental.

Sus relaciones con Israel no han hecho más que seguir minando la posibilidad de una paz verdadera en Palestina. Hubieron desenlaces tan graves (para el pueblo palestino) que serán tema de un escrito futuro.

Los dos mandatos de este oscuro personaje han sido un reinado de la hipocresía y de la retórica. Pero tuvo la suerte (calculada) de tener de su lado el coro ensordecedor de la gran mayoría de los medios de comunicación, de los intelectuales progresistas, de los desfiles arcoíris de gays y lesbianas, de los actores de Hollywood, sin olvidar los mayordomos europeos.

La guerra, dijo en el 2002, cuando era solo un joven senador “puede ser solamente concebible en caso de inminente y directa amenaza a la seguridad de los Estados Unidos” y lo repitió de candidato a la Casa Blanca en 2007. Qué bien. Ahora que explique: ¿Pero cuál amenaza directa e inminente a la seguridad de los Estados Unidos constituye el régimen siriano de Assad Al Bashar para justificar el exterminio de civiles y niños con gas nervino?

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El Ocaso de los Dioses

En esta nueva rubrica intentaré llevar a la luz todo lo que no se ha dicho (voluntariamente, por lo tanto mintiendo) sobre figuras que la sociedad global, o una buena parte de ella, ha llamado santos, héroes, grandes personalidades.El desfile de personeros laicamente beatificados es muy largo: Barack Obama, Nelson Mandela, Yasir Arafat, Kofi Annan, Che Guevara, Rigoberta Menchú, Simon Peres, Isaac Rabin y un infinito etcétera de iconos santificados por la globalización mediática y asumidos sobre los altares por un público cada vez menos crítico.

Pero nosotros en Patria Exacta vamos a poner el dedo en las llagas ocultas. Con hechos. Los más desagradables a los oídos de quienes quieren que el público conozca solo lo que los amos del sistema aprueban.

 NELSON MANDELA (Y SUS AMIGOS)

Nelson Mandela, el padre de la lucha contra la segregación racial en Sur África, se apagó serenamente en su cuarto rodeado por sus familiares. Tenía 95 años. Fue el héroe de la batalla contra el apartheid en su país y obtuvo el premio Nobel para la paz en 1993. El presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma anunció su fallecimiento y declaró el luto nacional. “Nuestra nación perdió un gran hijo”, fue otra parte de su panegírico para ensalzar la figura mundial de “Mandiba”, el sobrenombre de Mandela que deriva de su clan de pertenencia. 

Uno de sus mayores admiradores y que siempre lo apoyó fue el ex presidente de EE.UU. Barack Obama. El demócrata, que del politically correct es la esencia, últimamente, después de lo ocurrido en Charlottesville, donde falleció una mujer víctima de un atropello en una marcha de supremacistas blancos, volvió a incomodar el líder africano usando una su frase en las redes sociales: “Las personas deben aprender a odiar y si pueden aprender a odiar, pueden ser enseñados para que amen. El amor llega con más naturalidad al corazón humano que su contrario”. A saber, creo que sobre lo obvio de tales palabras encontró la aprobación hasta de los mismos supremacistas.

Pero demos un paso atrás. En 20 años de poder negro, antes Mandela luego Jacob Zuma, el Suráfrica sigue siendo uno de los países con más desigualdades en el mundo. Si es cierto que los negros han conquistado los derechos civiles entre ellos la tasa de paro es del 39%, mientras es 8,3% la de los blancos, que ganan 5 veces más y representan el 70 % de los managers. Las promesas de Mandela, a sus conciudadanos, y repetidas en todos los convenios alrededor del mundo, eran otras. 

Si se mira bien adentro de la economía del coloso africano se nota que la “revolución” de Mandiba fue una burbuja que explotó antes de empezar. Con los derechos civiles no se llevan platos a la mesa ni se pagan hospitales y escuelas. Pero Mandela no dudó en negociar, bajo la mesa, con los blancos: para él y su camarilla el poder político, a los ex racistas el económico. Pero la política produce gastos, crea burocracia, aparatos inútiles para dar trabajo a cambio de votos… y los resultados dicen que hoy el país se enfrenta a muchos desafíos: corrupción, falta de mano de obra cualificada, carencia de infraestructuras (sobre todo en el sector energético) y criminalidad.

Algo que sí funcionó y sigue prosperando es la marca Mandela. Su fundación tiene 66 marcas registradas entre «Mandela», «Madiba» y «Nelson Mandela», con derechos sobre joyería, numismática, mobiliario, servicios financieros o ropa. 

Es la segunda marca más conocida después de Coca-Cola. 

Su número de preso, el 46664, figura hasta en una línea de vestuario. Su familia ha iniciado ya la batalla para hacerse con sus derechos de autor y de imagen, que se disputan con los administradores de sus fundaciones y fondos patrimoniales, que el expresidente sudafricano había elegido en vida.

Una fortuna digna de un faraón: la familia Mandela posee hasta 110 empresas activas y una fortuna repartida en 24 fondos. 

La hija de este símbolo viviente, Makaziwe, la más adinerada, con un patrimonio cercano al millón de euros, forma parte del consejo de 16 corporaciones, entre las que se encuentra la multinacional suiza de la alimentación Nestlé.

Criminalidad, otro dato que es mejor esconder: 50,000 homicidios por año (incluyéndose negros contra negros, proporcionalmente, 8 veces más que en Estados Unidos). Si se añade que la nueva legislación creada por el ANC (African Nacional Congress, el partido de Mandela), que prohíbe a los blancos ocupar numerosos puestos de trabajo, ahora reservados a los negros, está empujando a miles de blancos a abandonar el país. Desde el fin del Apartheid en 1994 hasta la actualidad ya han emigrado casi un millón de ellos.

Terminado su glorioso mandato Mandela heredó el país al actual presidente, Jacob Zuma, amigo y ex compañero de lucha. Y este no parece tener el alma pura de un guerrero. Fue acusado de abusos sexuales contra una mujer contagiada con SIDA en 2005, pero fue absuelto. Luego tuvo que enfrentar una importante lio legal debido a numerosas alegaciones de corrupción y crimen organizado. Su asesor fiscal, Schabir Shaik se le señaló por sobornos y fraudes. Finalmente, el 6 de abril de 2009, la Fiscalía Nacional sudafricana decidió retirar los cargos, alegando interferencias en la vida política del país. Lógicamente los medios de todo el mundo, mientras todo esto sucedía, eran distraídos por otros eventos.

Y seguían distraídos cuando en 2009 Canadá, renombrada democracia, concedió asilo político a a nada menos que un blanco, Brandon Huntley, de 31 años, originario de Ciudad del Cabo, por haber sido víctima de violencia racista por parte de su connacionales negros. Este denunció que desde el fin del Apartheid a la fecha (2009) eran casi 2,500 los granjeros de origen blanco que habían sufrido todo tipo de violencia por manos de los secuaces de Mandela. La cifra fue confirmada por la comisión para los Derechos Civiles del Suráfrica, implantada y querida por el mismo Mandiba en 1995. Además un informe publicado en junio del mismo año, señalaba un incremento del 25% de los casos de homicidio contra los surafricanos blancos en los últimos cuatro años, al punto que “Genocide Watch”, una organización internacional con base en EE.UU, habló explícitamente de genocidio a daño de los Boers, termino holandés por indicar los farmers, los ganaderos que en el siglo XVIII colonizaron buena parte de la región.

Por cierto, que el gobierno de Johannesburgo desmintió categóricamente. La historia ya está escrita: es pasado no se puede poner en tela de juicio y el presente hay que filtrarlo para que hechos desagradables no ensucien el buen nombre de uno de los santos laicos más alabado en el mundo.

 A saber si el “País del arcoíris” que Mandiba soñaba era exactamente este.

Democracia para América Latina: como dar Perlas a los Cerdos

La democracia es el peor de todos los sistemas políticos, con excepción de todos los sistemas políticos restantes. – Winston Churchill

 Esta es seguramente una de las frases más famosas del Primer Ministro que dirigió el Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial. Fue un ferviente antinazi y un visceral anticomunista, cualidades que le otorgaron la admiración de todos los liberales y demócratas del mundo. 

Han pasado más de 70 años de que esas palabras fueron pronunciadas y quizás valdría la pena analizarlas a la luz de la modernidad quitándoles ese manto de santidad que se le confirió por más de medio siglo. 

Enfocamonos sobre América Latina. Han pasado casi tres décadas desde que los militares salieron de las casas presidenciales y de los ministerios y volvieron a los cuarteles. Los civiles, pero pocas veces civilizados, se apoderaron del mando del Estado por medio de elecciones. Entramos en la era de la democracia. Un hombre, un voto. Así, casi de la noche a la mañana pueblos enteros fueron a hacer lo que casi nunca le fue permitido: elegir a quien tenía que representarlos.

Los protagonistas de este épico cambio, pensadores, políticos, filósofos incomodaron a todos los mejores y más destacados teóricos de la democracia para festejar un porvenir de progreso y bienestar: Locke, Aristóteles, Abraham Lincoln, Tocqueville solo por nombrar algunos.  

Han pasado tres décadas, casi. En El Salvador, como en casi todo el continente, los partidos políticos han perfeccionado sus mecanismos de desarrollo democrático. Los votos se logran con cancioncitas pegajosas, promesas demenciales, bombardeo publicitarios, distorsionando el uso de los medios de comunicación. Y por si todo esto no es suficiente, se compran: dinero, promesas de un puesto seguro en la administración pública; a veces es suficiente un combo de hamburguesas, uno de Pollo Campero o un par de láminas para reforzar el techo. 

Los partidos que no tienen los recursos (económicos) para atraer el votante, juegan al rol de oposición esperando siempre que el ganador les ofrezca un huesito, un poco de sobra a cambio del apoyo para hacer pasar alguna ley-canallada. Estamos en democracia, la hora de compartir el pastel. Es la época de la tolerancia: antes unos pocos uniformados se robaban todo lo que le pasaba bajo la nariz mientras encarcelaban a los opositores. Hoy los que participan del saqueo público son un sinfín de funcionarios, pero muy altruistas: hay que dejar algo también a los demás organismos políticos. Saben que a la siguiente vuelta electoral podrían invertirse los papeles. Pero a la mesa hay que añadir más sillas. También al crimen organizado (Maras aquí, Paramilitares y Farc en Colombia, Zeta y Carteles en México, etc.) le toca su parte. Porque democracia es participación, pluralismo. 

Gran logro la democracia. A principio de 1700 la defendía a capa y espada uno de los más notables filósofos europeos, el suizo Jean Jaques Rousseau. Pero hablaba desde la Republica de Ginebra donde las personas votaban en la plaza principal levantando las manos. La mayoría de ellos eran personas instruidas, civilizadas, educadas, con un fuerte sentido de la comunidad, del respeto, de la cooperación y del bien común. ¿Hoy existe algún lugar de Latinoamérica donde los que van a emitir sufragio reúnen, por los menos, la mitad de estas cualidades?

Lo que está a la vista, de quienes quieren ver, es que democracia y sociedades latinoamericanas son mundos opuestos y no conciliables. Como agua y aceite. Miremos a El Salvador: la política nacional es una tarima donde un grupo de partidos escenifica un miserable circo de cotidiana inutilidad. Muchos pensadores/intelectuales indignados apuntan el dedo hacia los mismos partidos, responsables de tal desastre. Demasiado simple, demasiado fácil. Acá, como en cualquier lugar del mundo, los políticos y sus instituciones son el reflejo de la sociedad, una creación de ella, una deformación moral e intelectual que los ciudadanos mismos validan días tras día por medio de su conformismo, de su manera de ser desfachadamente indolentes y apáticos, de su voto. Porque un circo sin espectadores que aplaudan, vitorean, silban, se enojen o festejen no podría continuar. Cerraría.

“Pero las encuestas dicen que la mayoría de los ciudadanos no cree en los partidos políticos, no confía”, alguien podría afirmar. Es cierto, la gran parte de la población hasta critica el sistema… ¿Pero cómo? Con unas llamadas telefónicas a los programas televisivos o radiales, atiborrando las redes sociales con posts de dudosa coherencia y con una gramática de primer grado. Simplemente despotricando insultos o lloriqueando en los medios de comunicación, gloriosas columnas de nuestra fantasmal democracia. El malestar ciudadano contra el poder y la política llega hasta ahí. Un vacío palabrerío estéril, como el de los políticos adentro de los parlamentos. Castillos de discursos, de razonamientos (¿?), de pseudo ideas que al final logran parir la nada elevada al cubo. Un simple ejercicio de la lengua y de la mandíbula. 

No obstante, para muchos “iluminados” también todo esto es democracia. Quizás sea cierto, pero igualmente indiscutible es que soltar palabras en libertad no sirve para cambiar el rumbo desastroso de nuestros sistemas sociales y políticos. Peor, acaban consolidando y validando el poder que dicen despreciar pero al cual terminan siempre doblegándose. Ya no son ni ciudadanos, son simples súbditos de una tiranía incompetente e ineficaz. Son burros que patean furiosamente, pero sin golpear a nadie, y que al final agachan siempre la cabeza. No merecen ni el título de ciudadano, porque esta es una cualidad que es ganada. 

Para mientras los políticos viven despreocupados, se sienten tranquilos en sus edificios ministeriales, saben que si bien el pueblo parece alterado, o hasta enojado, es como perro que mucho ladra pero seguro no muerde. Le faltan dientes, y coraje. 

Luego llegará el día de las elecciones y los profesionales de la política se pondrán el traje bueno, los zapatos para el culto, sumirán la barriga, unos medio se estirarán la cara, sonreirán con ojos bondadosos y se alistarán a pararse sobre la tarima del circo. Distribuirán dulcesqñ, algún billete, estrecharán manos (las que consideran no demasiado sucias) y jurarán que lucharán para la democracia.

Esta promesa es la lápida que cubre toda esperanza de cambio. Pero hay algo en que la democracia es coherente y honesta: es el medio que demuestra que cada pueblo tiene el gobierno que se merece. Porque lo votó.

¿Un Gobierno del FMLN pondría en riesgo relaciones con Estados Unidos?

Este día haciendo un “reconocimiento” en las redes sociales me he encontrado con una publicación de un activista del partido Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) que contiene dos elementos dispares entre sí: Una fotografía de un avión en pleno despliegue de misiles con una leyenda que dice “si no vienes a la democracia, la democracia vendrá a por ti”, como una clara referencia al actual conflicto entre Estados Unidos y Siria; y en el comentario del publicador rezando “mentiras garantizadas del FMLN… Sánchez Cerén: respetaremos el Estado de Derecho y la democracia, y ampliaremos las relaciones con USA, nuestro primer socio comercial”, citando el Plan de Gobierno del Partido de izquierda Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). Se me vino a la mente de inmediato un artículo que leí hace ya varios años publicado en el Albuquerque Journal en 1983, en el tiempo en que, de hecho, a quienes se veía como  un peligro para la democracia era, precisamente, a ARENA. Sigue leyendo

La guerra de los Premios Novel

Latinoamérica es el eje central del que trata este sitio web, pero no podemos analizar a Latinoamérica sin ver el entorno político, social y económico de su entorno. Esto trae como consecuencia, en este momento, que sea necesario ver la realidad que está viviendo en este momento Siria frente a Estados Unidos, y la problemática que esto implicaría ante la inminente intervención que se está gestando de ésta última, y la posible reacción de los pueblos de Oriente Medio.

Hace unos días el Presidente de Estados Unidos, Barak Obama, consiguió que fuera aprobada por el Senado de esa nación la “intervención” militar contra el régimen sirio, lo cual no solo implicaría un ataque al Estado, sino también al pueblo sirio, y como consecuencia ya se han manifestado algunas naciones alegando que es un “ataque al mundo islámico”, y han declarado su apoyo al país atacado. Sigue leyendo

¿Cuál independencia?

Autor: Marvin Ascencio


 

Caminando por las calles de mi país este día noté que relucía de colores azul y blanco. Los colores de la bandera nacional pintaban el horizonte de la ciudad. Jovenes y viejos celebraban mientras el Presidente de la República daba su mensaje a la nación y el niño talento “Krishna” rezaba con aínco la sacratisima Oración a la Bandera.

Mientras estas cosa sucedían en mi entorno yo solo me preguntaba ¿Cuál independencia? ¿De cuál Libertad habla el Presidente? ¿Cuál libertad nos defiende y cual religión nos consuela?

Todos estos desfiles, tamboriles y chicas de minifalda bailando en las calles de mi país solo me hacia recordar mi infancia. Aquella que viví recién terminada la guerra de los doce años. Aquella cuando ARENA, el partido gobernante, regalaba para estas fechas banderitas Sigue leyendo

Centroamérica, el Banco de Sur y la Renuncia Salvadoreña

Autor: Marvin Ascencio


 

La política económica mundial se ha caracterizado por dividir a los países en dos grandes bloques: los países desarrollados y los países “en vías de desarrollo” (como comúnmente se les llama a los subdesarrollados para que suene menos ofensivo). Esta división también se hace al clasificar a los países desarrollados como Países del Norte, y los no desarrollados como Países del Sur, no solo en clara alusión a las desventajas económicas, sino también a que la mayoría de países en vías de desarrollo se encuentran cercanos o por debajo de la línea imaginaria conocida como ecuador. En América existe un fenómeno bastante marcado del asunto, y es que los Países del Norte son solamente dos: Canadá y Estados Unidos. De México hacia el sur todos son países en “vías de desarrollo”: la llamada Latinoamérica.

Latinoamérica está sufriendo cambios profundos. Actualmente las Izquierdas están recobrando el poder en muchos de los países, especialmente en Sudamérica, pero ya han llegado al centro con Nicaragua y Honduras, y están ganando cada vez más terreno. Un proyecto que las izquierdas sudamericanas han planeado y están ejecutando es el establecimiento de un Banco del Sur que, como diría Hugo Chávez, presidente de Venezuela, nació en los foros civiles y que se está desarrollando con la llegada de “los progresistas” al poder de “las naciones del sur”. El propósito, según los participantes, es conformar un banco que dé créditos a los países afiliados que lo necesiten con bajas tazas de interés y plazos más cómodos, para así ayudarse entre sí para desarrollar sus economías. La idea es “salir de la influencia del dólar, del Banco Mundial y del FMI”.

Nicaragua es parte del Banco del Sur, por lo tanto estaría llegando la influencia de éste a Centroamérica como una alternativa a los préstamos del BID y el FMI. He visto en un periódico que uno de los teóricos del neoliberalismo, quien fue mentor del ex–presidente Alfredo Cristiani, ha recomendado a El Salvador “ver con atención” el caso Nicaragüense a fin de que se imite. Además, por primera vez uno de estos teóricos ha dicho que en Latinoamérica conviene una economía “latinoamericana” no dependiente de Estados Unidos. Es de valorar esta afirmación, ya que los proyectos que impulsa Venezuela, tanto el ALBA, como el Banco del Sur, TeleSUR, MercoSUR, entre otras, son parte de un plan integracionista de los países latinoamericanos (en los que está incluido El Salvador), para formar un Bloque de los Países del Sur, liberación de la economía de estos países en base a cooperación entre si. Lo malo, por no decir lo nefasto, es que el gobierno salvadoreño o se hace el desentendido o se hace el ciego, que no digo que lo es porque bien se da cuenta. Viendo la oportunidad de cooperar entre las naciones latinoamericanas, sigue manteniendo su legendaria dependencia estadounidense, prestando al BID, FMI y BMI, adquiriendo cada vez más deuda externa, acumulando más riqueza en manos de los grandes empresarios y las transnacionales. Estas prácticas y otras son las que hacen que nuestro país no quiera (no nuestro país, sino nuestro actual gobierno) pertenecer a este bloque. Prefiere ser, como hasta ahora lo ha sido, una colonia norteamericana, tal como lo es Puerto Rico, o peor. Y esperando a salir del poder para largarse lo más rápido posible con las tajadas que ya se han robado, y con las que están preparando con los inconstitucionales fideicomisos. ¿A dónde vamos a ir a parar?