Bondsteel, al entregar el lado “B” regalas hasta el territorio

“Bondsteel” es la segunda base militar más grande que tiene EE.UU. en Europa. Y ¿Dónde está? En Kosovo. Es decir, el no-país que se ubica bajo Serbia, cerca de Grecia… pero que en realidad no existe. La base fue fundada al final de los bombardeos de la OTAN (en realidad de EE.UU., los otros fueron pobres mendigos de la política europea, solo para recordar dos: Aznar y D Alema, obedecieron obsequiantes).

“Bondsteel” la fundaron, no son estúpidos, en una zona despoblada, donde los aviones estadounidenses no habían lanzado bombas de uranio empobrecido. Esas prohibidas por todos los protocolos de Ginebra. Peor, eran regalos para los serbios y a vaciar la vieja escolta gringa. Actualmente, la base cubre 360 mil kilómetros cuadrados. Si lo hubieran hecho otros y no los estadounidenses, sería una forma de ocupación.

Vamos, adelante, de lo sórdido a lo peor.

Para la periodista Branika Ristic obtener un permiso para visitar la base fue una odisea. Lo logró, pero los padres de la Libertad le advirtieron: “Estados Unidos y sus Fuerzas Armadas no se hacen responsables de su seguridad dentro de la Base”. Locura: controlan la mitad del mundo, pero no una de sus bases. Ya estamos en los límites de la demencia. No tengo palabras. Los Padres del Mundo Libre no garantizan tu seguridad en sus instalaciones militares.
Al entrar, dos testigos deben firmar que has entrado. Dos militares te siguen por todas partes. ¿Eres mujer y tienes que ir al baño? Los soldados vienen contigo y tienes que dejar la puerta abierta.
Todos los edificios son desmontables, desde los dormitorios hasta la cafetería.
“Bondsteel” son 25 kilómetros de carreteras asfaltadas, 300 edificios y 11 torres de guardia. Y me quedo aquí. Por ahora. Creo que estos datos, para aquellos que tienen un mínimo sentido crítico, deberían preocuparnos.

Muchos otros detalles se ocultan, pero son sobre todo las finalidades las que permanecen encerradas en la nebulosa, o mejor dicho, agujero negro, del gobierno de Washington. Y que no culpen a Trump; heredó la base de sus anteriores, sórdidos, gobiernos democráticos. Para entendernos: el del saxofonista que el instrumento se hacía tocar por otra (en horario de trabajo) y el del que pensaba hacer creer al mundo que era primo de primer grado de Martin Luther King.
El primero tuvo sus problemas para encontrar al enemigo en el mapa, el segundo lanzó miles de bombas en medio oriente (Y le dieron también el Nobel de la Paz). Episodios y detalles que tendrían que dar de pensar.

Pero Kosovo era cosa de Clinton. Es uno de los hombres más inútiles e insustanciales de la historia de Estados Unidos. Se ha encontrado entre los pies el primer conflicto serio de Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Suponiendo, podría equivocarme, que su familiaridad con esa guerra era una mezcla anodina de mitos, verdades, mentiras… y claro, ¡Diablos!, entender la guerra de la antigua Yugoslavia debe haber sido para él y sus consejeros un desafío entre historia, geopolítica, ética (uno de los conceptos más difíciles de entender para esos caballeros de corbata negra), justicia, intereses.
Hicieron, sus genios políticos, de mediadores. Pero como tampoco entendían de qué lado girar el globo terráqueo, para encontrar Yugoslavia, su magna ignorancia encontró la salida más fácil: la guerra.
De sentido único. La guerra como castigo. Los expertos militares dijeron: Bill, mientras te soplan en el saxofón y juras y perjuras que no es verdad, nosotros vaciamos los arsenales de bombas de fósforo y de uranio empobrecido (prohibidas). La EuroPayasada bajó la cabeza y ofreció las bases militares desde donde despegaron los ángeles de la muerte. Los cerdos con alas (existen, los hemos visto), hicieron su trabajo. Y sí, admítanselo: no todos son francotiradores experimentados. Caravanas de refugiados, trenes de fugitivos, hospitales. La misma lógica de Dresde al final de la IIWW, Hiroshima, Nagasaki, Hamburgo, había que hacer ver quién tiene el poder y las bolas. Entonces, todos de rodillas a llorar y a pedir perdón. Mientras tanto, los niños serbios, muy pocos, van a la escuela acompañados por los tanques de la KFOR porque el pueblo que no existe y que ocupa una tierra que no le pertenece hace lo que quiere. Todos tienen sus propios héroes históricos; los franceses los héroes de la Revolución, los italianos los varios Garibaldi, los alemanes Bismark y otros grandes estadistas.

Los kosovares a Bill Clinton. Fui a ver la estatua en Pristina. Creía que era una farsa, un espectáculo de algún circo que pasaba por la ciudad.

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