Facebook y la Censura

Tengo DUI y pasaporte salvadoreño, pero mis raíces hunden en Europa, una Europa trastornada, atarantada, confundida, pero sobre todo ofendida y denigrada. ¿Por quién? Por los amos del mundo y los lacayos que compran desde Arabia Saudí, pasando por Italia y España, Inglaterra y sus ridículos barones, cruzando África y controlando presidentes payasos desde América Latina hasta Filipinas. Un inmenso circo que baila para los yankees, que sea Trump, el negrito, la ex esposa del saxofonista que tocaba mejor mientras una chica estaba bajo su escritorio, o los tejanos que cuando huelen petróleo alistan misiles. Es difícil establecer si es peor el circo o los espectadores. Lo que es cierto es que la dignidad por ahí ni se acerca. Pero los dueños del circo son los dueños de los medios. Ahí es el punto.

Hace 2 días, Facebook me bloqueo por tres días por una afirmación “abominable”. Reporté, según investigaciones libres (checos, rusos, etcétera, no pagados por corporaciones), y LEJOS DE emanaciones humanitarias al sueldo de los de siempre, intentaron hace unos años comprobar que la supuesta masacre de Srebrenica (Bosnia), en la guerra de la ex Yugoslavia, tenía baches periodísticos, policiales y mediáticos. Los mayordomos de la ONU aseguraron que el general Ratko Mladic, serbio bosnio, había hecho ejecutar 7,000 hombres musulmanes. Esta ni era noticia, era casi verdad bíblica. A investigar el caso pusieron, la ONU, a una vieja amargada mitad italiana mitad suiza. Como es lógico escucharon testigos presenciales y familiares de las víctimas. Y por lógica, de ellos, cada palabra era pura verdad. Se olvidaron, ¡Ups!, de hablar con la otra parte.

En Srebrenica no había solo musulmanes, había serbios. A ellos no se les tomó en cuenta. Eran pobres campesinos, metidos en un gran lio. Pero Clinton y sus asesores, a los que le costó una semana encontrar a Yugoslavia en el mapa, ya habían decidido que ellos eran el enemigo.

Volvamos a la historia: de pura casualidad, sin dudarlo, en esa guerra en Bosnia había mercenarios que llegaron de todo medio oriente. Puros musulmanes. De Afganistán, de Arabia Saudí, todos de la franja más extrema de la fe de Allah.  Den una vuelta por Youtube y encontrarán cómo estos píos amantes de Mahoma volaban cabezas serbias y orgullosos las mostraban a las cámaras. Pero no, el politically correct dice que los ciudadanos musulmanes de Srebrenica eran indefensos. Y llegó el ejército del mal, los serbios, a hacer limpieza.

Los bosnios corren hacia la base de la OTAN en Holanda a pedir ayuda. Nadie responde. Los serbios hacen su trabajo: limpiar la zona. Como los otros lo habían hecho en Kosovo. Al día siguiente ya se habla de 7,000 ejecutados.  Ni haciendo el cálculo, honesto, tomando en cuenta verdugos, balas, horas y víctimas. Parece un disparate. Pero toda la prensa, tv y medios mundiales lo repiten millones de veces. Y como enseñaba el gran maestro Goebbels, una mentira repetida mil veces se hace realidad.

Como mentira llama mentira, desde el cielo de los buenos (se le acabaron las bombas de fosforo, prohibidas), envían la peor bomba: La Fiscal del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY), Carla del Ponte. Creo que pisó la tierra de Srebrenica dos veces, donde se le hundieron sus taconcitos de zapatos de más de cien dólares. En su pequeña cabecita de burócrata, mandó gente a escarbar para encontrar los miles de cadáveres. Creo que quizás gozaba por cada uno que aparecía. Lástima que no llego a los 7,000, ni por cerca. Ni se aproximó. Fuentes independientes, es decir no lacayos de ella y de la ONU, hablan de 150, 200, 300… a saber, solo ellos tienen los números y los usan a su conveniencia. Números parecidos a las masacres que hacían los kosovares donde eran mayoría. Claro, esto detalles ni hablarlos.

Pero vamos al punto de la democrática web que quiere callarme.

Farsantes, y hablo de Facebook, en este caso, ¿Dónde está la libertad de palabra? 1968 produjo, casi en serie, ni que fuera la fábrica de la Ford, un sin número de pseudointelectuales que pontificaban sobre la nueva humanidad: libre, consciente, antifascista y contra toda guerra. Que su estrella guiadora, Moscú, hiciera marchar miles y miles en campos muy parecidos a los de los nazis, era un puro detalle. Peor, era propaganda capitalista.  Libertad, con el dinero y el apoyo de un Moloch que a la libertad le tenía alergia. La URSS. Pero era el aire que soplaba entonces y despejaba el pelo de estos trovadores que, con buen vino condimentado con buena hierba, imaginaban el mundo nuevo. Ahí lo tienen, redes sociales.

El mundo parece haber cambiado. La libertad triunfa en la Web, quedan solo esquirlas de antidemocracia sobre el mapa del mundo. Los medios, las redes sociales aceptan cualquier tipo de basura. Pero ponen un límite: el politically correct y no ofender personas, Estados, o etnias.  Ya no es problema de verdad, de pruebas, de desarticular las mentiras… no, no hay que ofender.  Y es cierto, a veces la verdad (que se crea) ofende a quien de ella vive y se lucra… ¿En base a qué deciden lo que se puede o no se puede decir? ¿En base a que deciden cuál político y cuál no se puede defender?

Facebook me bloqueo porqué ni defendí, solo buqué una explicación a lo que ha hecho, o se dice que ha hecho, el general Ratko Mladic (que el 80 por ciento de los usuarios no saben ni quién es porque están ocupados en subir las fotos de la comida china que fueron a comer anoche). En mi post puse datos, señalé incongruencias, puse el dedo contra unos medios al sueldo de alguien. Peor, ataqué una Fiscal del Tribunal de la Haya que habló de genocidio, y luego en un mar de silencio, no encontraron los miles de cuerpos que tenían que justificar dicho “genocidio”. Una Fiscal puesta por la ONU. Con el beso de EE.UU. en la frente. No me parece haber dicho ninguna barbaridad. Veo, leo, tomo cuenta. “Mi libertad se termina dónde empieza la de los demás” dijo un tal Voltaire. Lo que no supuso es que tal frase sería usada para los que colgaron a los nazis en Nuremberg. Colgar un hombre o colgar su idea es lo mismo. Aplausos, jubilo, fiesta, justicia. Mientras los jueces rusos mandaban en los gulags los opositores. En el mismo tiempo. Y los gringos sacaban del Tribunal de Nuremberg a los físicos que le servían en la NASA. Las bombas de Hiroshima y Nagasaki la desarrollaron un nazi que los gringos adoptaron. Mejor escuchar John Lennon ¿no? Y en el mientras, callar a esos extremistas. Lástima que no se dan cuenta que no son distintos de los que censuran y odian. Son peores.

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