Cuentas Chinas.El viraje diplomático de El Salvador. De una China a la otra.

De Paolo Zanoni

No es el momento de andar con rodeos. La relación diplomática entre El Salvador y Taiwán se basaba sobre giros de cheques. Regalos a Presidentes y familias. Votos en la ONU pagados a peso de oro. Todos lo saben. Las pruebas están en cientos de papeles que muchos medios ya hicieron públicos y que solo una justicia, todavía desvergonzadamente sierva de la billetera de ciertos poderes, sigue ignorando.
Pero dejames por un segundo estas miserias humanas e institucionales y vamos a ver un poco de historia, magistra vitae, maestra de vida, para que nos ayude a entender.

La diatriba China vs Taiwán tiene ya más de medio siglo. Fue en 1949 cuando, Chang Kai-Shek, líder de la oposición anticomunista china, fue echado por los revolucionarios victoriosos y obligado a refugiarse en la isla de Taiwán. Además de que dicho diminuto islote había conservado otro puñado de pequeñas islas frente a la costa de China, desde la cuales, en sus irracionales ilusiones, creía poder arrancar para tomar el poder a Pekín. Fue solo gracias a una conjuntara histórica muy peculiar (la Guerra Fría) que Taiwán no acabó aplastada por las tropas de Mao Tze Dong. Inteligentemente, Chang Kai-Shek logró convencer a Estados Unidos que su derrota habría podido determinar un contragolpe psicológico para todo el bloque Occidental y habría puesto en riesgo las mismas alianzas entre las naciones democráticas. Cuando Mao decidió  bombardear las islas de Matsu y Quemoy, EEUU amenazó de responder con armas nucleares, para defender, como afirmó irónicamente el secretario de estado de Washington, John Foster Duelles, “un inútil puño de rocas”. Desde entonces la primera potencia del Mundo tuvo que estrechar con “China capitalista” un acuerdo de mutua defensa. Reglas y cruces de la geopolítica.

Siempre desde entonces los países del mundo subdesarrollado, o Tercer Mundo, tuvieron que tomar posición: ser vasallos (lame botas) o de la URSS o de EEUU.
Cual fue la suerte de El Salvador es cosa nota: después de los Acuerdos de Paz y fugado el peligro de caer bajo el yugo socialista (que ya se estaba derrumbando), los gobiernos de ARENA abrazaron felices a los camaradas anticomunistas taiwaneses. ¿Qué los acomunaba? Esencialmente tres factores: 1) el anticomunismo; 2) el amigo-amo-defensor común, Estados Unidos; 3) teóricos intereses de intercambios comerciales. Este ultimo era en realidad la clave del “amor” salvadoreño para los taiwaneses. Ellos, a cambio de ayudas económicas que impulsaran el desarrollo del Pulgarcito de América, y tras una muy generosa “diplomacia de la chequera” (que abultó las billeteras de más de un político salvadoreño) pedían solamente que, en la ONU, El Salvador se alineara a esos cuatro gatos que en el mundo reconocían a Taiwán. Y eran, y siguen siendo, un puñado de países muchos de los cuales hay que buscarlos en el Atlas con la lupa: aparte Belice, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua, Paraguay, República Dominicana, la lista sigue con San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía, San Vicente, las Granadinas, Burkina Faso, Suazilandia, Islas Marshall, Islas Salomón, Kiribati, Nauru, Palaos y Tuvalu.
Pero hoy, el gobierno del FMLN, justo ante de irse y con una casi matemática certidumbre de no volver en el poder, traiciona los generosos amigos de Taiwán y se van con la otra China, la que, unos tontos (por suerte son pocos y están circunscritos justo alrededor de nosotros… a saber porque…) siguen llamando “comunista”, cuando en realidad su economía de explotación se parece a la de Inglaterra de la época de la Revolución Industrial. Ya lo decía Oppenheimer en 2009 en su “Cuentos chinos”: a Pekín de rojo ha quedado solo la bandera.

Si logramos a mirar un poco más allá de las estériles polémicas de quienes siguen enfrascados en discursos estrictamente ideológicos (que nos digan por lo menos adonde quedaron dichas ideologías), el hecho que El Salvador haya decidido de buscar lazos económicos y diplomáticos con un Estado que por sí solo representa el 20% de la población mundial y constituye la segunda economía más grande del mundo, es una buena noticia. Realismo y pragmatismo antes que todo. Si estos señores están preocupados de haber perdido a tan poderoso y fundamental partner cual era Taiwan… no se desesperen. Que sigan con su propia naturaleza y alisten la lengua para distintas botas. Si, acaso, por una vez, piensan en los intereses de la patria, podrán planear como lograr el mejor provecho nacional en relacionarse con un gigante de la economía.

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