El Ocaso de los Dioses

En esta nueva rubrica intentaré llevar a la luz todo lo que no se ha dicho (voluntariamente, por lo tanto mintiendo) sobre figuras que la sociedad global, o una buena parte de ella, ha llamado santos, héroes, grandes personalidades.El desfile de personeros laicamente beatificados es muy largo: Barack Obama, Nelson Mandela, Yasir Arafat, Kofi Annan, Che Guevara, Rigoberta Menchú, Simon Peres, Isaac Rabin y un infinito etcétera de iconos santificados por la globalización mediática y asumidos sobre los altares por un público cada vez menos crítico.

Pero nosotros en Patria Exacta vamos a poner el dedo en las llagas ocultas. Con hechos. Los más desagradables a los oídos de quienes quieren que el público conozca solo lo que los amos del sistema aprueban.

 NELSON MANDELA (Y SUS AMIGOS)

Nelson Mandela, el padre de la lucha contra la segregación racial en Sur África, se apagó serenamente en su cuarto rodeado por sus familiares. Tenía 95 años. Fue el héroe de la batalla contra el apartheid en su país y obtuvo el premio Nobel para la paz en 1993. El presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma anunció su fallecimiento y declaró el luto nacional. “Nuestra nación perdió un gran hijo”, fue otra parte de su panegírico para ensalzar la figura mundial de “Mandiba”, el sobrenombre de Mandela que deriva de su clan de pertenencia. 

Uno de sus mayores admiradores y que siempre lo apoyó fue el ex presidente de EE.UU. Barack Obama. El demócrata, que del politically correct es la esencia, últimamente, después de lo ocurrido en Charlottesville, donde falleció una mujer víctima de un atropello en una marcha de supremacistas blancos, volvió a incomodar el líder africano usando una su frase en las redes sociales: “Las personas deben aprender a odiar y si pueden aprender a odiar, pueden ser enseñados para que amen. El amor llega con más naturalidad al corazón humano que su contrario”. A saber, creo que sobre lo obvio de tales palabras encontró la aprobación hasta de los mismos supremacistas.

Pero demos un paso atrás. En 20 años de poder negro, antes Mandela luego Jacob Zuma, el Suráfrica sigue siendo uno de los países con más desigualdades en el mundo. Si es cierto que los negros han conquistado los derechos civiles entre ellos la tasa de paro es del 39%, mientras es 8,3% la de los blancos, que ganan 5 veces más y representan el 70 % de los managers. Las promesas de Mandela, a sus conciudadanos, y repetidas en todos los convenios alrededor del mundo, eran otras. 

Si se mira bien adentro de la economía del coloso africano se nota que la “revolución” de Mandiba fue una burbuja que explotó antes de empezar. Con los derechos civiles no se llevan platos a la mesa ni se pagan hospitales y escuelas. Pero Mandela no dudó en negociar, bajo la mesa, con los blancos: para él y su camarilla el poder político, a los ex racistas el económico. Pero la política produce gastos, crea burocracia, aparatos inútiles para dar trabajo a cambio de votos… y los resultados dicen que hoy el país se enfrenta a muchos desafíos: corrupción, falta de mano de obra cualificada, carencia de infraestructuras (sobre todo en el sector energético) y criminalidad.

Algo que sí funcionó y sigue prosperando es la marca Mandela. Su fundación tiene 66 marcas registradas entre «Mandela», «Madiba» y «Nelson Mandela», con derechos sobre joyería, numismática, mobiliario, servicios financieros o ropa. 

Es la segunda marca más conocida después de Coca-Cola. 

Su número de preso, el 46664, figura hasta en una línea de vestuario. Su familia ha iniciado ya la batalla para hacerse con sus derechos de autor y de imagen, que se disputan con los administradores de sus fundaciones y fondos patrimoniales, que el expresidente sudafricano había elegido en vida.

Una fortuna digna de un faraón: la familia Mandela posee hasta 110 empresas activas y una fortuna repartida en 24 fondos. 

La hija de este símbolo viviente, Makaziwe, la más adinerada, con un patrimonio cercano al millón de euros, forma parte del consejo de 16 corporaciones, entre las que se encuentra la multinacional suiza de la alimentación Nestlé.

Criminalidad, otro dato que es mejor esconder: 50,000 homicidios por año (incluyéndose negros contra negros, proporcionalmente, 8 veces más que en Estados Unidos). Si se añade que la nueva legislación creada por el ANC (African Nacional Congress, el partido de Mandela), que prohíbe a los blancos ocupar numerosos puestos de trabajo, ahora reservados a los negros, está empujando a miles de blancos a abandonar el país. Desde el fin del Apartheid en 1994 hasta la actualidad ya han emigrado casi un millón de ellos.

Terminado su glorioso mandato Mandela heredó el país al actual presidente, Jacob Zuma, amigo y ex compañero de lucha. Y este no parece tener el alma pura de un guerrero. Fue acusado de abusos sexuales contra una mujer contagiada con SIDA en 2005, pero fue absuelto. Luego tuvo que enfrentar una importante lio legal debido a numerosas alegaciones de corrupción y crimen organizado. Su asesor fiscal, Schabir Shaik se le señaló por sobornos y fraudes. Finalmente, el 6 de abril de 2009, la Fiscalía Nacional sudafricana decidió retirar los cargos, alegando interferencias en la vida política del país. Lógicamente los medios de todo el mundo, mientras todo esto sucedía, eran distraídos por otros eventos.

Y seguían distraídos cuando en 2009 Canadá, renombrada democracia, concedió asilo político a a nada menos que un blanco, Brandon Huntley, de 31 años, originario de Ciudad del Cabo, por haber sido víctima de violencia racista por parte de su connacionales negros. Este denunció que desde el fin del Apartheid a la fecha (2009) eran casi 2,500 los granjeros de origen blanco que habían sufrido todo tipo de violencia por manos de los secuaces de Mandela. La cifra fue confirmada por la comisión para los Derechos Civiles del Suráfrica, implantada y querida por el mismo Mandiba en 1995. Además un informe publicado en junio del mismo año, señalaba un incremento del 25% de los casos de homicidio contra los surafricanos blancos en los últimos cuatro años, al punto que “Genocide Watch”, una organización internacional con base en EE.UU, habló explícitamente de genocidio a daño de los Boers, termino holandés por indicar los farmers, los ganaderos que en el siglo XVIII colonizaron buena parte de la región.

Por cierto, que el gobierno de Johannesburgo desmintió categóricamente. La historia ya está escrita: es pasado no se puede poner en tela de juicio y el presente hay que filtrarlo para que hechos desagradables no ensucien el buen nombre de uno de los santos laicos más alabado en el mundo.

 A saber si el “País del arcoíris” que Mandiba soñaba era exactamente este.

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